Andrés Bello y “La agricultura de la zona tórrida”: Poética de la civilización y proyecto republicano

Andrés Bello y “La agricultura de la zona tórrida”: Poética de la civilización y proyecto republicano

El poema La agricultura de la zona tórrida (1826), de Andrés Bello, no solo representa un hito en la poesía hispanoamericana del siglo XIX, sino también un documento clave para entender el pensamiento político, educativo y cultural de su autor. Este texto combina la estética neoclásica con un profundo contenido ideológico que responde a los desafíos del mundo hispanoamericano postindependentista. En este comentario de texto se analiza el poema en el contexto de la vida y obra de Bello, con énfasis en su proyecto civilizatorio, su humanismo ilustrado y su visión de una América emancipada, pero consciente de sus deberes sociales y morales.

La figura de Andrés Bello (1781–1865) se erige como una de las más completas del pensamiento latinoamericano decimonónico. Nacido en Caracas y formado en el clima cultural del neoclasicismo y la Ilustración, Bello fue testigo y partícipe del proceso de independencia y formación de las repúblicas hispanoamericanas. Su paso por Londres durante casi dos décadas (1810–1829) le permitió el acceso directo a las fuentes ilustradas, la filosofía inglesa, el romanticismo alemán y el debate político liberal (Pinto, 2005).

Instalado en Chile desde 1829, Bello desplegó una carrera intelectual sin precedentes: fundó la Universidad de Chile, redactó el Código Civil, escribió la Gramática de la lengua castellana (1847) y fue senador y educador. Toda su obra —poética, filosófica, legal, pedagógica— expresa un proyecto de nación basado en el orden racional, la educación popular, el respeto por la ley y el perfeccionamiento moral del ciudadano (Salas, 2006). Dentro de este marco, La agricultura de la zona tórrida no es un poema decorativo, sino una pieza clave del pensamiento político-cultural de Bello. A través de una estética elevada, busca formar conciencias, orientar la reconstrucción del espacio público y celebrar el trabajo como eje de la vida republicana.

La agricultura de la zona tórrida es un poema extenso escrito en verso blanco (endecasílabos sin rima), dividido en tres movimientos fundamentales: 1. Invocación a la naturaleza americana: Bello invierte la retórica colonial para exaltar la zona tórrida como tierra fecunda y privilegiada por la naturaleza. 2. Contraste entre guerra y agricultura: denuncia los estragos del militarismo y exalta el trabajo agrícola como fuente de orden y virtud. 3. Propuesta educativa y moral: exhorta a la juventud americana a cultivar la tierra y el espíritu mediante el conocimiento, la ciencia y el arte.

Desde el inicio, la voz poética se dirige a América como sujeto colectivo y como espacio simbólico:

 

“Salve, fecunda zona,

que al sol enamorado circunscribes

del mundo los contornos…”

 

Este tono invocativo y majestuoso, reminiscente de la poesía virgiliana, se despliega en descripciones detalladas de flora, fauna y geografía, fundiendo naturaleza y cultura. El uso de un lenguaje elevado y de imágenes luminosas no solo responde a una tradición poética neoclásica, sino que eleva el trabajo agrícola a la categoría de acción épica y fundacional (Chumaceiro, 1999).

El símbolo central es el campo cultivado: no como espacio bucólico, sino como espacio civilizatorio, donde se ejercen la libertad, la técnica y la razón. En contraste, la guerra es presentada como irracionalidad, barbarie y desorden.

La dicotomía civilización/barbarie —que luego será retomada por Sarmiento— ya está claramente planteada en Bello. Sin embargo, él propone un camino diferente al de la violencia o el caudillismo: la educación y el trabajo como mecanismos de transformación ética y social. El poema articula un mensaje claro: América no debe depender de la herencia europea ni repetir los errores del Viejo Mundo, sino construir un orden propio, en armonía con su geografía, su historia y sus potencialidades. Esta visión americanista e independentista se basa en una conciencia crítica de lo heredado y una apuesta pedagógica por el futuro.

 

En palabras de Bello:

 

“La paz y la virtud del labrador

son armas más potentes que los hierros

de Marte en sus combates”.

 

Aquí se observa la raíz de su republicanismo: la ética del deber civil, la importancia de la propiedad agrícola como base de la ciudadanía, y la confianza en la ciencia como motor de desarrollo.

Más que una pieza poética aislada, La agricultura de la zona tórrida forma parte de una pedagogía cultural. En un contexto de desorden político, guerras civiles y vacíos institucionales, Bello utiliza el poema como vehículo de formación republicana. Esta estrategia está ligada a su concepción de la literatura como herramienta moral y social. A través del poema, Bello enseña: A amar la tierra como patria común y fundamento de la soberanía. A revalorar el trabajo como práctica dignificadora, frente al ocio aristocrático o la violencia revolucionaria. A educar el gusto y la sensibilidad estética, con una lengua clara, precisa y elevada. Esto refleja su doble herencia: el clasicismo grecolatino y el humanismo cristiano, sintetizados en una visión secular del progreso basada en la razón ilustrada.

Aunque su estilo puede parecer alejado del romanticismo contemporáneo, La agricultura de la zona tórrida influyó notablemente en las letras hispanoamericanas. Se convirtió en modelo de poesía cívica, en contraposición a los excesos sentimentales o puramente líricos. Además, el poema anticipa preocupaciones ecológicas, económicas y políticas que siguen siendo relevantes. En tiempos de crisis ambiental y desigualdad social, la relectura de Bello nos interpela: ¿cómo reconciliar cultura y naturaleza?, ¿cómo construir repúblicas justas y sostenibles?, ¿qué lugar ocupa la educación en ese proceso?

La agricultura de la zona tórrida es, en palabras de Salas (2006), “un canto al deber y a la esperanza”. En él se condensan los ideales más altos de Andrés Bello: el amor por América, la fe en la educación, el rechazo a la violencia y la confianza en la razón. Su proyecto poético es inseparable de su proyecto político y filosófico: una América libre, ilustrada y laboriosa. Hoy, volver a Bello es una forma de repensar nuestras raíces, de reencontrarnos con un humanismo profundo y de imaginar un futuro más justo, donde la palabra, el trabajo y la tierra vuelvan a estar al centro de la vida colectiva.