Civilizar la palabra: La ideología reformista y la obra literaria de Domingo Faustino Sarmiento

Civilizar la palabra: La ideología reformista y la obra literaria de Domingo Faustino Sarmiento
Domingo Faustino con su banda presidencial en 1873

Domingo Faustino Sarmiento es figura clave del pensamiento latinoamericano del siglo XIX. Sarmiento fusiona escritura y acción política en una visión modernizadora que concibe la educación, la cultura escrita y la civilización como instrumentos fundamentales para transformar las estructuras sociales de América Latina. A través del análisis de obras como Facundo (1845), se examina cómo el discurso sarmientino construye una oposición fundacional entre barbarie y civilización, que encarna sus ideales de progreso, orden y europeización.

Domingo Faustino Sarmiento (1811–1888) es una figura emblemática del siglo XIX latinoamericano, cuya obra funde literatura, política y pedagogía. Su ideología reformista se articula con un ambicioso proyecto civilizatorio que aspira a transformar las sociedades sudamericanas mediante la educación, la institucionalización del Estado y la difusión de la cultura letrada. La escritura fue para Sarmiento un arma de combate, una herramienta para modelar el pensamiento público y propiciar el cambio social. Este ensayo examina cómo sus textos, especialmente Facundo o civilización y barbarie (1845), constituyen no solo manifestaciones literarias sino dispositivos ideológicos destinados a legitimar un modelo de país moderno, urbano y europeo.

La ideología reformista: modernidad, educación y progreso

La ideología reformista de Sarmiento se fundamenta en principios ilustrados y liberales que privilegian la razón, el progreso material y la institucionalización de la vida pública. Influenciado por el pensamiento francés, en especial por la obra de Auguste Comte, Sarmiento concebía la historia como una marcha hacia la modernidad, entendida como el triunfo de la civilización sobre la barbarie. Para él, el atraso de Hispanoamérica tenía causas estructurales: el caudillismo, la ruralidad, la ignorancia y el poder excesivo de la Iglesia.

En este marco, la educación se convierte en el pilar de su programa reformista. Según señala en Educación popular (1849), “la escuela es la base de la civilización” (Sarmiento, 1849/1996, p. 37). La alfabetización, la formación de docentes y la expansión de la escuela pública fueron, por tanto, prioridades en su pensamiento y acción política. Su presidencia en Argentina (1868–1874) fue un laboratorio donde intentó materializar este ideario, creando cientos de escuelas, bibliotecas y organismos educativos.

Facundo y la escritura como instrumento político

La obra más influyente de Sarmiento, Facundo o civilización y barbarie (1845), es un texto inclasificable: crónica, ensayo, biografía, tratado político y relato literario al mismo tiempo. Su propósito explícito es denunciar la figura del caudillo Juan Facundo Quiroga, pero el texto va más allá: construye una tipología cultural que opone dos modelos de país. “La América española es una inmensa masa de hombres sin educación, sin gobierno, sin leyes, sin religión” (Sarmiento, 1845/2001, p. 43).

Esta afirmación resume su diagnóstico. Para Sarmiento, la barbarie no es simplemente violencia: es analfabetismo, vida rural, improvisación, oralidad. La civilización, en cambio, es sinónimo de ciudad, de imprenta, de normas, de cultura europea. El texto no solo describe esta dicotomía: la produce mediante una retórica envolvente que convierte la geografía, el clima y el gaucho en metáforas políticas. Su objetivo es transformar el imaginario colectivo, instalar un horizonte deseable: la Argentina moderna, cosmopolita, educada.

Barbarie y civilización: un esquema fundacional

La oposición entre barbarie y civilización no es solo una tesis: es un mito fundacional del pensamiento político argentino y latinoamericano. En Facundo, Sarmiento convierte a Quiroga en emblema de una barbarie ancestral y a sí mismo en portavoz de una razón regeneradora. Esta simplificación maniquea le permite trazar una línea moral entre lo que debe ser eliminado y lo que debe preservarse.

Sarmiento describe a Quiroga como “un tigre con instinto de fiera” (Sarmiento, 1845/2001, p. 116), animalizando al caudillo para reforzar su condición antirracional. A la vez, exalta los modelos culturales franceses y norteamericanos, que considera superiores: “El Norte es la escuela de la libertad, el Sur es la cuna de la tiranía” (p. 132). Esta orientación europeizante y norteamericanizante, aunque criticada posteriormente por su sesgo elitista y racista, fue coherente con su ideología reformista, centrada en el ideal de progreso y civilización.

La palabra como praxis: literatura y acción

Sarmiento concebía la escritura como un acto de intervención. Su estilo, vehemente, polifónico y polémico, refleja su voluntad de influir en el lector y en la historia. No escribe desde la neutralidad académica, sino desde la urgencia política. Como él mismo afirma en Conflicto y armonías de las razas en América (1883): “Mi pluma ha sido mi espada” (Sarmiento, 1883/1998, p. 19). Esta concepción del escritor como intelectual orgánico lo convierte en pionero de una tradición que recorrerán figuras como José Martí, José Enrique Rodó o Mariátegui. Su obra es inseparable de su praxis: Sarmiento escribe para convencer, para disputar el sentido común, para moldear la nación desde el lenguaje. Por eso, su literatura no es evasión estética, sino vehículo de transformación social.

En conclusión, Domingo Faustino Sarmiento representa una de las figuras más influyentes en la historia intelectual y política de América Latina. Su ideología reformista, anclada en el ideal de civilización, progreso y educación, encuentra en la literatura una herramienta eficaz para construir modelos culturales, políticos y sociales. Facundo, lejos de ser solo una biografía de un caudillo, es una declaración de principios, un manifiesto civilizatorio y un llamado a transformar la realidad mediante el saber letrado. Aunque su pensamiento ha sido cuestionado por su sesgo clasista y su apego a modelos europeos, su legado como educador, escritor e intelectual comprometido sigue siendo central para comprender los orígenes del pensamiento moderno latinoamericano.