Escándalo, norma y arquetipo: performatividad crítica y simbolismo cultural en “Hablemos del escándalo” de “La cuestión palpitante” (1883) de Emilia Pardo Bazán (1851-1921)
El apartado “Hablemos del escándalo”, perteneciente a La cuestión palpitante (1883) de Emilia Pardo Bazán, constituye un texto decisivo para comprender la irrupción de la crítica literaria moderna en España y, simultáneamente, la emergencia de una voz femenina capaz de disputar autoridad en un campo intelectual dominado por varones. Bajo la apariencia de una reflexión sobre la recepción polémica del naturalismo, el texto despliega una estrategia discursiva de extraordinaria complejidad: convierte el escándalo en categoría analítica, desmonta los mecanismos culturales de censura y evidencia que la reacción social frente a una obra dice más de la sociedad que de la obra misma. Leído desde una perspectiva teórica contemporánea, el ensayo no solo interviene en el debate estético de su tiempo, sino que pone en escena un proceso de legitimación autoral femenina y una transformación simbólica de los límites culturales.
Desde sus primeras líneas, Pardo Bazán desactiva la noción moralizante de escándalo al tratarla como fenómeno social y no como realidad ética objetiva. La autora no acepta el término en su acepción tradicional —como señal de corrupción o desviación—, sino que lo somete a examen crítico. El escándalo deja de ser evidencia de transgresión para convertirse en síntoma cultural. Esta inversión conceptual revela una operación intelectual precisa: desplazar el foco del objeto escandaloso al sujeto que se escandaliza. La pregunta ya no es qué provoca escándalo, sino por qué algo lo provoca. Tal desplazamiento constituye una estrategia crítica que desnaturaliza los valores dominantes y expone su carácter histórico.
Este movimiento puede comprenderse con claridad a la luz de la teoría de la performatividad del discurso desarrollada por Judith Butler (1990, 2004). Para Butler, las normas sociales no son estructuras fijas, sino efectos de reiteraciones discursivas que producen aquello que parecen describir. El escándalo funciona precisamente como uno de esos mecanismos reiterativos: al nombrar algo como escandaloso, la sociedad produce la transgresión que dice condenar. Pardo Bazán anticipa esta intuición al mostrar que la reacción escandalizada es una construcción cultural y no una respuesta natural. El escándalo, en consecuencia, no revela una verdad moral, sino un dispositivo de regulación simbólica.
En este sentido, el texto puede leerse como una crítica temprana a la policía cultural del gusto. La autora señala que muchas veces el escándalo no surge del contenido de la obra, sino de la expectativa social que define qué es aceptable representar. Así, la reacción escandalizada aparece como mecanismo de defensa del orden simbólico dominante. La sociedad se protege de aquello que amenaza su autopercepción moral, y lo hace mediante la condena pública. El escándalo se convierte entonces en instrumento disciplinario: una forma de castigo simbólico destinada a neutralizar discursos incómodos.
Sin embargo, Pardo Bazán no se limita a denunciar este mecanismo; lo reinterpreta. El escándalo, lejos de ser un obstáculo para la literatura, puede convertirse en prueba de su potencia crítica. Cuando una obra escandaliza, señala implícitamente una fisura en el sistema de valores vigente. En otras palabras, el escándalo indica que el texto ha tocado un punto sensible de la conciencia colectiva. Esta idea introduce una concepción moderna de la literatura como fuerza reveladora: el arte no debe tranquilizar, sino inquietar.
Desde la perspectiva simbólica de Carl Gustav Jung (1964, 2008), esta dinámica puede entenderse como confrontación entre conciencia social e inconsciente colectivo. Aquello que provoca escándalo suele corresponder a contenidos reprimidos que la cultura no desea reconocer como propios. El escándalo sería entonces el signo visible de un conflicto psíquico colectivo: la irrupción de lo reprimido en el espacio público. En este marco, la literatura naturalista defendida por Pardo Bazán aparece como vehículo de revelación simbólica. Al mostrar aspectos crudos de la realidad, el naturalismo obliga a la sociedad a enfrentarse con sus propias sombras.
El texto adquiere así una dimensión arquetípica. La autora encarna la figura simbólica del mediador cultural: aquel que traduce lo reprimido en lenguaje consciente. En la psicología junguiana, esta figura cumple una función esencial, pues permite integrar los contenidos excluidos de la psique colectiva. Pardo Bazán asume ese papel al defender una estética que muchos consideraban perturbadora. Su intervención crítica no solo protege un movimiento literario, sino que facilita un proceso de autoconocimiento cultural.
Este gesto resulta aún más significativo si se considera la posición histórica de la autora. Como mujer intelectual en el siglo XIX, su presencia en el debate público ya constituía una transgresión de las expectativas sociales. El hecho de que sea precisamente ella quien reflexione sobre el escándalo introduce un nivel adicional de ironía histórica: el sujeto considerado socialmente “impropio” analiza el mecanismo que produce esa impropiedad. La autora se sitúa simultáneamente dentro y fuera del sistema que examina. Esa doble posición le otorga una perspectiva privilegiada desde la cual diagnosticar los prejuicios culturales.
Desde Butler, esta situación puede interpretarse como ejemplo de resignificación subversiva de la norma. Pardo Bazán ocupa el lugar que la estructura social que intenta negarle y, al hacerlo, evidencia la contingencia de dicha estructura. Su escritura no solo argumenta contra los prejuicios: los desactiva performativamente. Cada intervención crítica reafirma su autoridad intelectual y demuestra que la exclusión femenina no es natural, sino construida. El texto funciona así como acto de legitimación autoral, comparable al gesto fundacional que otras escritoras decimonónicas realizaron al reclamar su derecho a la palabra pública.
La inteligencia estratégica de Pardo Bazán se manifiesta también en su tono ensayístico. Lejos de adoptar una postura abiertamente confrontativa, la autora emplea una ironía sutil que desarma la resistencia del lector. No impone su tesis; la conduce. Esta elección retórica responde a una comprensión profunda del funcionamiento de la persuasión cultural: el cambio de mentalidad rara vez se logra mediante la imposición directa, pero puede surgir cuando el lector reconoce por sí mismo la inconsistencia de sus supuestos. El ensayo se convierte así en dispositivo pedagógico que transforma la percepción sin necesidad de proclamas.
En última instancia, “Hablemos del escándalo” revela que la polémica literaria no es un fenómeno superficial, sino un indicador privilegiado de las tensiones culturales de una época. El escándalo señala el punto donde chocan tradición y modernidad, norma y disidencia, estabilidad e innovación. Pardo Bazán comprende que estudiar esa reacción social equivale a estudiar la estructura simbólica de la sociedad. Su texto transforma una anécdota polémica en objeto de reflexión teórica, elevando el debate periodístico al nivel de crítica cultural.
El valor duradero del ensayo reside precisamente en esta capacidad de trascender su contexto inmediato. Aunque surgido en el marco de la controversia naturalista, el texto ofrece una teoría implícita del conflicto cultural aplicable a cualquier época. Allí donde exista una norma, existirá también la posibilidad de escándalo; y allí donde haya escándalo, habrá una oportunidad de revelación crítica. La autora nos enseña que la reacción social frente a una obra no debe tomarse como juicio definitivo, sino como síntoma digno de análisis.
Así, el apartado de La cuestión palpitante puede leerse como un manifiesto encubierto sobre el poder transformador de la literatura. Pardo Bazán no defiende únicamente un movimiento estético: defiende la libertad misma del pensamiento artístico. Su reflexión demuestra que el escándalo no es el enemigo del arte, sino uno de sus efectos más reveladores. Cuando la sociedad se escandaliza, la literatura ha cumplido su función más profunda: obligarla a mirarse a sí misma.
Referencias
Butler, J. (1990). Gender trouble: Feminism and the subversion of identity. Routledge.
Butler, J. (2004). Undoing gender. Routledge.
Jung, C. G. (1964). El hombre y sus símbolos. Paidós.
Jung, C. G. (2008). Arquetipos e inconsciente colectivo. Paidós.
Pardo Bazán, E. (1883). La cuestión palpitante. Madrid: Imprenta de A. J. Alaria.