La historia no contada: el papel de los africanos en la conquista de América

La historia no contada: el papel de los africanos en la conquista de América
OBRA DE JOSÉ DE PÁEZ, ESPAÑOL Y NEGRA, PRODUCE MULATO, SIGLO XVIII, ÓLEO SOBRE TELA. COLECCIÓN PARTICULAR EN CUSTODIA DEL MUSEO DE HISTORIA MEXICANA DE MONTERREY

Durante siglos, el relato historiográfico hegemónico sobre la conquista de América invisibilizó a los africanos, relegándolos a una categoría instrumental y subordinada, cuando no inexistente. Sin embargo, trabajos como los de Matthew Restall (2000) y Herman L. Bennett (2009) han problematizado esta omisión. Restall propone el concepto de Black Conquistadors, aludiendo a la presencia de africanos libres que actuaron como soldados, intérpretes y auxiliares en las primeras campañas de conquista. Estos africanos, muchos de los cuales llegaron al Nuevo Mundo junto a sus amos, no solo fueron testigos, sino agentes activos en la guerra, el comercio y la fundación del orden colonial. Las crónicas coloniales, como las de Bernal Díaz del Castillo o Pedro Mártir de Anglería, ofrecen indicios de esta presencia, aunque muchas veces de forma fragmentaria. La historiografía reciente se ha dedicado a reconstruir la voz silenciada de los africanos desde los márgenes de los archivos, en lo que Michel-Rolph Trouillot (1995) denominó como el “silencio del archivo”.

Los africanos participaron en las empresas de conquista desde el segundo viaje de Cristóbal Colón (1493). En el caso de la conquista de México, se sabe que Hernán Cortés trajo consigo esclavos africanos, algunos de los cuales participaron en las batallas contra los pueblos mesoamericanos. La figura del "negro conquistador" no era excepcional: Juan Garrido, de ascendencia africana y nacido en Portugal, fue un soldado libre que participó en la toma de Tenochtitlan y años después fundó uno de los primeros cultivos de trigo en la Nueva España. Su vida muestra la posibilidad de ascenso social y movilidad limitada dentro de las estructuras coloniales (Aguirre Beltrán, 1972). De igual modo, africanos acompañaron a Pizarro en la conquista del Perú, y a Alvar Núñez Cabeza de Vaca en su travesía por el sur de lo que hoy es Estados Unidos. En estos contextos, los africanos no solo combatían, sino que también ejercían funciones diplomáticas, traductoras y de mediación cultural, dada su experiencia previa en contextos de contacto intercultural en África o Europa.

Tras la conquista, el modelo económico colonial dependió crecientemente de la esclavitud africana. La caída demográfica de los pueblos originarios, causada por las enfermedades, las guerras y las condiciones de trabajo, motivó a la Corona española a recurrir a la importación masiva de esclavos africanos a través del sistema de asientos. Los africanos se convirtieron en la principal fuerza de trabajo en plantaciones, minas, obrajes y ciudades. En Nueva España, su presencia fue significativa en la minería de Taxco y Zacatecas, así como en la construcción de obras públicas. En el Caribe y Brasil, fueron el motor del sistema azucarero. Como señala Schwartz (1992), sin la mano de obra africana, el proyecto colonial europeo en América no habría sido posible. A pesar de su sometimiento legal, los africanos no fueron sujetos pasivos. Resistieron activamente mediante rebeliones, fugas, prácticas religiosas clandestinas y redes comunitarias, lo cual dio lugar al surgimiento de palenques y quilombos como espacios de libertad.

La Iglesia católica desempeñó un papel ambivalente respecto a la esclavitud africana: mientras algunos teólogos la justificaban, otros —como fray Bartolomé de las Casas— la aceptaban como un mal menor frente a la supuesta fragilidad indígena. No obstante, muchos africanos y afrodescendientes lograron construir espacios de resignificación religiosa y de autonomía cultural, especialmente a través de las cofradías. Estas cofradías —asociaciones religiosas de base étnica— permitían a los africanos practicar devociones particulares, organizar fiestas, enterrar a sus muertos y ayudar económicamente a los miembros. Investigadores como Nicole von Germeten (2006) han demostrado cómo estas cofradías no solo eran espacios de religiosidad popular, sino también de resistencia simbólica, donde se rearticulaban elementos africanos dentro de un marco cristiano. Además, muchos afrodescendientes se destacaron como músicos, escultores, pintores y artesanos, contribuyendo activamente a la estética barroca del mundo virreinal. En algunos conventos, los africanos participaron en la música litúrgica, fusionando ritmos y sonoridades propias con el canon católico.

A lo largo del continente, los africanos no solo resistieron individualmente, sino que organizaron comunidades autónomas. En el Virreinato de la Nueva España, destaca el caso de Gaspar Yanga, líder de una rebelión en Veracruz a comienzos del siglo XVII, quien fundó una comunidad de esclavos libres reconocida oficialmente por la Corona. En Colombia, el Palenque de San Basilio se convirtió en símbolo de resistencia y de persistencia cultural africana. Estos espacios no eran únicamente refugios físicos, sino también territorios simbólicos, donde se reconfiguraban cosmologías africanas, se hablaban lenguas propias y se vivían formas de comunidad alternativas al modelo colonial. El cimarronaje, entendido como fuga, resistencia y subversión, fue una forma de reescritura del cuerpo y del espacio colonial (Martínez-Echazábal, 1998).

Reconocer el papel de los africanos en la conquista y colonización de América implica revisar críticamente las narrativas fundacionales de las naciones latinoamericanas. Supone también incorporar una perspectiva afrocentrada, interseccional y crítica del archivo, en línea con lo propuesto por autores como Walter Mignolo (2005) y Catherine Walsh (2010). Los africanos no solo fueron fuerza de trabajo: fueron agentes históricos, constructores de cultura, resistentes políticos y portadores de saberes. Una historia que no los incluya es una historia mutilada. Integrarlos en la historiografía oficial es una forma de justicia epistémica, y una condición para pensar críticamente la herencia colonial en nuestras sociedades contemporáneas.