Las crónicas sobre la conquista del Perú

Las crónicas sobre la conquista del Perú
(Dibujo de la crónica de Felipe Huamán Poma)

Las crónicas sobre la conquista del Perú constituyen una fuente historiográfica fundamental para comprender los procesos de expansión imperial, resistencia indígena y reconfiguración cultural en el virreinato del Perú. Estas narraciones, elaboradas en su mayoría entre los siglos XVI y XVII, ofrecen una visión plural y conflictiva de los acontecimientos, pues se inscriben en contextos de lucha por el poder, legitimación de acciones y negociación entre diferentes actores sociales. Lejos de ser relatos objetivos, las crónicas combinan elementos históricos, literarios, religiosos y políticos.

Las crónicas coloniales fueron escritas en un contexto de descubrimiento, conquista y colonización, y se presentan como testimonios de primera mano o reconstrucciones posteriores de los hechos. A diferencia de las historias oficiales o los tratados políticos, las crónicas mezclan la narración empírica con la interpretación subjetiva, influidas tanto por la experiencia personal como por las estrategias retóricas. En el caso peruano, las crónicas nacen en un contexto de violencia, evangelización y reordenamiento social, cultural y territorial. Los cronistas no sólo registraron los hechos, sino que participaron activamente en la construcción del nuevo orden colonial. Su papel fue, por tanto, no sólo testimonial sino también performativo.

Crónicas de conquistadores. Estas crónicas fueron redactadas por los protagonistas de la conquista, quienes buscaban preservar su memoria, defender sus intereses y legitimar sus acciones ante la Corona. Al estar implicados directamente en los hechos, su relato mezcla observación con apología. Francisco de Xerez, Verdadera relación de la conquista del Perú (1534): secretario de Pizarro, presenta una versión oficialista y triunfalista del encuentro con Atahualpa, destacando la providencia divina y la superioridad española. Pedro Pizarro, Relación del descubrimiento y conquista del Perú (1571): su crónica reivindica el papel de los hermanos Pizarro y ofrece detalles íntimos de la conquista. Diego de Trujillo, Relación del descubrimiento del Perú (1571): aunque menos conocido, su testimonio ofrece una visión crítica de ciertos episodios y actores.

Crónicas de religiosos. Los religiosos participaron activamente en la conquista espiritual del Nuevo Mundo. Sus crónicas reflejan el conflicto entre la misión evangelizadora y la violencia de la conquista. Fray Vicente de Valverde: protagonista del primer contacto con Atahualpa, su testimonio legitima la captura del inca como respuesta a la negativa de aceptar el cristianismo. Fray Bartolomé de las Casas: aunque centrado en el Caribe, su Brevísima relación de la destrucción de las Indias incluye denuncias de la violencia en el Perú y alimenta el debate humanista sobre los derechos de los indígenas. Fray Martín de Murúa, Historia general del Perú (1590-1616): combina información de fuentes orales e indígenas, destacando la grandeza de los incas desde una perspectiva católica.

Crónicas de funcionarios y cronistas oficiales. Estos autores fueron designados por la Corona o actuaron como historiadores formados en la tradición humanista. Sus crónicas buscan sistematizar los hechos y ofrecer una narración ordenada. Pedro Cieza de León, Crónica del Perú (1553): posiblemente el cronista más valioso por su imparcialidad, describe con precisión la geografía, etnografía y política de los Andes. Agustín de Zárate, Historia del descubrimiento y conquista del Perú (1555): combina rigor analítico con simpatía hacia algunos conquistadores. Antonio de Herrera y Tordesillas, Historia general de los hechos de los castellanos (1601-1615): cronista mayor de Indias, integra y reordena las crónicas anteriores.

Crónicas indígenas o mestizas. Estas crónicas constituyen un corpus de gran valor por ofrecer una perspectiva desde el mundo andino. Dialogan con la tradición europea pero conservan estructuras discursivas andinas. Titu Cusi Yupanqui, Relación de la conquista del Perú (1570): escrita desde la resistencia de Vilcabamba, ofrece una versión crítica del encuentro. Felipe Guamán Poma de Ayala, Nueva corónica y buen gobierno (c. 1615): combina texto e imagen en una denuncia sistemática del abuso colonial. Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios reales de los Incas (1609): primer gran escritor mestizo, reivindica el esplendor incaico y reinterpreta la historia desde el humanismo renacentista.

Tipología según su intencionalidad. Crónicas de justificación. Su objetivo es legitimar la empresa conquistadora y representar a los españoles como agentes de civilización y fe. Ejemplos: Xerez, Valverde. Crónicas apologéticas del mundo indígena, Estas obras exaltan la organización política y moral del mundo incaico, subvirtiendo el discurso dominante. Ejemplos: Garcilaso, Murúa.

Crónicas de denuncia, Critican los abusos del poder colonial, ya sea en nombre de la fe cristiana o de la justicia imperial. Ejemplos: Las Casas, Guamán Poma.

Crónicas descriptivas o naturalistas, Narraciones que documentan el paisaje, los pueblos y las costumbres, con una mirada científica o etnográfica. Ejemplo: Cieza de León.

Crónicas sincréticas o mestizas, Textos que articulan discursos y cosmovisiones andinas y europeas, creando un nuevo lenguaje histórico-cultural. Ejemplo: Garcilaso.

Las crónicas no son meros relatos de hechos pasados; son también dispositivos de construcción de la memoria, herramientas de control simbólico y formas de articulación ideológica. A través de ellas se configura un imaginario de la conquista que oscila entre la heroicidad y la tragedia, entre la redención cristiana y el genocidio cultural. En ese sentido, su análisis requiere una lectura intertextual, que considere tanto sus condiciones de producción como sus silencios, contradicciones y reescrituras.

Las crónicas de la conquista del Perú representan un corpus heterogéneo, que encarna la complejidad de la experiencia colonial. Su clasificación según la autoría y su tipología discursiva permiten reconocer no sólo los distintos intereses en juego, sino también la pluralidad de voces que intentaron narrar y significar ese momento fundacional. Leídas en conjunto, revelan las tensiones de un proceso que no fue una mera imposición violenta, sino también un espacio de negociación cultural y simbólica. Las crónicas son, en suma, no sólo fuentes para la historia, sino también objetos de estudio que iluminan la forma en que el poder, la identidad y la memoria fueron escritos en el Nuevo Mundo.