Las expediciones por el Amazonas, Chile y el Estrecho de Magallanes

Las expediciones por el Amazonas, Chile y el Estrecho de Magallanes
Mapa de Magallanes por la ruta de Tierra del Fuego, de Willem Janszoon Blaeu

Las expediciones que se desarrollaron durante los siglos XVI y XVII en regiones como el Amazonas, Chile y el Estrecho de Magallanes marcaron un hito en la historia de la expansión europea en América. A diferencia de las campañas de conquista centradas en los grandes imperios mesoamericanos y andinos, estos territorios representaban márgenes geográficos, simbólicos y epistemológicos. Más que riqueza inmediata, ofrecían desafíos, horizontes inciertos y promesas de nuevos mundos. Explorar estos espacios implicaba no solo ampliar el control imperial, sino redefinir los límites del conocimiento, de la cartografía y de la imaginación europea.

Las primeras incursiones al Amazonas, como la de Francisco de Orellana en 1541-42, enfrentaron un territorio de dimensiones desconocidas y una geografía incontrolable. El relato de Orellana, recogido por Gaspar de Carvajal, mezcla la descripción de selvas infinitas con referencias míticas, como la existencia de guerreras amazónicas, que evocaban antiguas leyendas griegas. Desde el inicio, la cuenca amazónica se convirtió en un espacio donde los límites entre historia y mito se disolvían. Las expediciones posteriores, como las de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre, no solo fracasaron en someter el territorio, sino que produjeron relatos cargados de violencia, locura y subversión. Aguirre, en particular, fue el primer gran disidente del orden imperial, autoproclamándose “traidor a la corona”, en una clara ruptura con la lógica de obediencia a la monarquía.

Estas expediciones revelan cómo el Amazonas fue concebido como espacio indómito, amenazante y poético, donde el imperialismo entraba en crisis y la idea misma de “conquista” debía reformularse. Fue también un espacio de contacto intercultural profundo, aunque marcado por el fracaso de la colonización inmediata. En cambio, el Amazonas legó a Europa una narrativa sobre lo incontrolable y lo sublime, y constituyó una frontera viva para las ciencias naturales, la cartografía y la mística colonial.

A diferencia de otros territorios más fácilmente dominados por los conquistadores, Chile se convirtió en el emblema de la resistencia indígena, encarnada principalmente por el pueblo mapuche. Las expediciones de Pedro de Valdivia en la década de 1540 dieron inicio a una prolongada guerra de Arauco que duraría más de tres siglos. En lugar de un relato de triunfo, la conquista de Chile produjo una literatura de guerra y desesperanza, como la Araucana de Alonso de Ercilla, donde los mapuches son representados como nobles y valientes. Este poema épico marcó una inversión en la lógica habitual del relato de conquista: los indígenas no eran simplemente vencidos, sino admirados por su coraje y su cultura.

Además, la frontera chilena impulsó formas específicas de organización social, militar y religiosa por parte de los españoles. Fue necesario desarrollar fuertes, alianzas y adaptaciones culturales que no se dieron en otros contextos. También fue un escenario privilegiado para la discusión teológica y jurídica sobre la legitimidad de la guerra y el derecho indígena. Chile, entonces, aparece en la historia de la conquista no solo como un territorio periférico, sino como un espacio que obligó al imperio a repensarse, y donde la resistencia indígena definió el ritmo y los límites del poder colonial.

La expedición de Fernando de Magallanes (1519-1522), culminada por Juan Sebastián Elcano, fue una de las más trascendentales de la historia universal. Su paso por el sur del continente americano, a través del estrecho que hoy lleva su nombre, marcó el primer viaje de circunnavegación del planeta, confirmando de manera empírica la redondez de la Tierra y transformando para siempre las coordenadas del mundo. Desde la perspectiva colonial, este estrecho representaba la puerta al otro océano, al Oriente soñado, al acceso a las Molucas y las especias. Pero también fue símbolo de lo inhóspito, lo helado y lo desconocido. Las expediciones posteriores al Estrecho de Magallanes, como las de Drake, Sarmiento de Gamboa y otros, fueron extremadamente difíciles y sirvieron para cartografiar y fortificar el paso austral, así como para imaginar una geopolítica planetaria de imperios oceánicos. La importancia del estrecho va más allá de la geografía: constituye un símbolo del tránsito global, de la transformación de América en un nodo entre Europa y Asia, y del inicio de una economía-mundo. Fue también un punto crucial para la navegación científica y el desarrollo de nuevas técnicas marítimas.

Las expediciones por el Amazonas, Chile y el Estrecho de Magallanes nos obligan a pensar más allá del paradigma militarista de la conquista. Estos territorios no fueron simplemente “conquistados”, sino atravesados, resistidos, imaginados y transformados. Cada uno produjo: Nuevos saberes: cartografía, botánica, etnografía, literatura de viaje. Nuevas subjetividades: figuras como el capitán perdido, el cronista frustrado, el soldado poeta o el rebelde contra el imperio. Nuevas formas de frontera: no como líneas fijas, sino como zonas de contacto, conflicto e intercambio. Estas expediciones abrieron rutas globales, revelaron los límites del poder imperial y enriquecieron la experiencia cultural de Europa con relatos que, en muchos casos, desbordaban la racionalidad colonial.

Lejos de ser márgenes olvidados, el Amazonas, Chile y el Estrecho de Magallanes fueron espacios claves para la historia de América y del mundo. En ellos se pusieron en juego la resistencia indígena, la fragilidad del poder europeo, la expansión del conocimiento y la transformación del planeta en una unidad navegable y conflictiva. Hoy, revisitar estas expediciones desde una mirada crítica permite desmontar el mito de la conquista como empresa homogénea y lineal, y comprenderla como un proceso de múltiples temporalidades, fracasos y saberes contradictorios.