Mujeres en la conquista americana: Inés Suárez, Catalina de Erauso y la india Catalina

Mujeres en la conquista americana: Inés Suárez, Catalina de Erauso y la india Catalina
Catalina de Erauso, la monja alférez

La historia de la colonización española en América Latina ha sido escrita predominantemente desde una mirada masculina, centrada en las figuras de conquistadores, frailes y cronistas. Sin embargo, entre las fisuras de esa narrativa hegemónica, emergen algunas figuras femeninas que desafían las convenciones de su tiempo: mujeres que participaron de manera activa —y a menudo violenta— en el proceso de conquista, que negociaron su identidad en los márgenes del orden colonial y que fueron posteriormente inscritas en una memoria colectiva ambigua.

Inés Suárez, Catalina de Erauso y la india Catalina representan ejemplos extraordinarios de estas mujeres. Cada una, desde su singularidad cultural, social y simbólica, encarna distintos modos de presencia femenina en la empresa colonial: como conquistadora, como mediadora cultural, y como sujeto transgénero y militar. A través del análisis de sus vidas, relatos y significados, este ensayo busca rescatarlas de la marginalidad histórica y repensar sus figuras a la luz de la transgresión, el poder y la identidad.

Inés Suárez (c. 1507–c. 1580) fue una mujer española que llegó al Perú en busca de su esposo desaparecido, pero que terminó involucrándose íntimamente en la conquista de Chile, junto a Pedro de Valdivia, su amante y comandante militar. Es recordada principalmente por su papel en la defensa de Santiago durante el ataque de los mapuches en 1541. En un acto decisivo, Inés decapitó a varios caciques indígenas prisioneros con sus propias manos, provocando el terror entre los atacantes. Su figura ha sido históricamente ambigua: por un lado, exaltada como heroína fundacional de Chile; por otro, criticada o invisibilizada por su participación activa y brutal en la violencia de la conquista, algo considerado impropio para una mujer en la mentalidad de su tiempo. Más aún, fue despojada de poder cuando las autoridades españolas obligaron a Valdivia a dejarla y casarse con una mujer "decente". En la historiografía reciente y en novelas como Inés del alma mía de Isabel Allende, Inés Suárez es reinterpretada como una mujer fuerte, libre y estratégica, capaz de desafiar tanto el orden patriarcal como los límites de género impuestos a las mujeres del siglo XVI.

Catalina (o "la india Catalina") fue una mujer indígena del actual territorio colombiano que, siendo niña, fue raptada por los españoles y llevada a Santo Domingo. Allí aprendió castellano, fue bautizada y educada según los principios cristianos. Años más tarde, regresó al continente como intérprete de Pedro de Heredia durante la fundación de Cartagena de Indias en 1533. Catalina se convirtió en mediadora entre los conquistadores y los pueblos indígenas de la región. Su conocimiento de las lenguas y costumbres locales fue clave para las alianzas, negociaciones y sometimientos que permitieron la expansión española en la costa caribeña. A diferencia de Inés Suárez o Catalina de Erauso, la india Catalina representa una figura marcada por el mestizaje cultural forzado. Su historia refleja tanto la violencia simbólica de la aculturación como la agencia que pudo ejercer en un rol de intermediaria. En Colombia, ha sido reivindicada como símbolo de resistencia cultural, y su estatua en Cartagena —una mujer indígena erguida y poderosa— condensa esa tensión entre sometimiento y empoderamiento.

Catalina de Erauso (c. 1592–1650), conocida como la Monja Alférez, nació en San Sebastián (España) y fue criada en un convento. A los 15 años escapó del claustro, se vistió de hombre y adoptó una identidad masculina bajo varios nombres. Viajó al Nuevo Mundo y participó como soldado en las guerras coloniales en Perú, Chile y Bolivia. En su célebre Relación de su vida (autobiografía publicada póstumamente), narra sus aventuras como militar, sus duelos, asesinatos, huidas y su visita al Papa, quien, sorprendido por su historia, le otorgó un permiso especial para continuar usando ropa masculina. Catalina de Erauso se convierte así en una figura fascinante, que cruza múltiples fronteras: de género, de clase, de moralidad, de religión y de ley. La Monja Alférez ha sido leída como heroína, como lesbiana en clave histórica, como travestida proto-trans, o como símbolo de la libertad individual frente a las normas opresivas. Su relato es tan excepcional como escandaloso, y su vida ha inspirado estudios feministas, queer y literarios que la sitúan como una figura liminal en la historia de género y colonización.

Lo que une a estas tres mujeres no es un destino común, sino la forma en que desafiaron las normas patriarcales del mundo colonial. Inés Suárez empuñó la espada en defensa de una ciudad; la india Catalina hizo del lenguaje una herramienta de poder y supervivencia; Catalina de Erauso transformó su cuerpo en un campo de batalla identitario. Ninguna de ellas fue pasiva. Todas actuaron en un contexto brutal de dominación, y todas utilizaron los recursos disponibles para ejercer una agencia singular. Asimismo, sus relatos han sido manipulados y reescritos por la historiografía colonial, que osciló entre idealizarlas, castigarlas o convertirlas en excepciones anecdóticas. En los últimos años, la crítica feminista, poscolonial y de género ha reivindicado sus figuras como espacios de disidencia, agencia y narrativas contrahegemónicas.

Inés Suárez, la india Catalina y Catalina de Erauso fueron mujeres excepcionales que, cada una desde su contexto y condición, pusieron en entredicho los límites del rol femenino en la América colonial. Fueron guerreras, mediadoras, viajeras, soldados, figuras trágicas y heroicas, inscritas en una historia que rara vez las reconoció en toda su complejidad. Su memoria, reactivada desde la crítica contemporánea, permite pensar no sólo el papel de la mujer en la historia colonial, sino también las formas en que el poder, el género y la identidad fueron negociados en los márgenes del imperio.