Romanticismo, Ilustración y Neoclasicismo: ruptura, continuidad y transformación en la sensibilidad moderna

Romanticismo, Ilustración y Neoclasicismo: ruptura, continuidad y transformación en la sensibilidad moderna

La historia de las ideas en Europa moderna no puede entenderse sin atender al diálogo conflictivo entre tres movimientos clave: la Ilustración, el Neoclasicismo y el Romanticismo. Mientras que la Ilustración y el Neoclasicismo comparten un proyecto racionalista, normativo y universalista, el Romanticismo irrumpe como una fuerza de oposición que desafía sus principios y propone una nueva concepción del arte, la naturaleza, el sujeto y la historia.

Este ensayo se propone definir el Romanticismo como una respuesta crítica —aunque no enteramente rupturista— a los ideales de la Ilustración y el Neoclasicismo, destacando sus rasgos centrales y analizando las tensiones entre razón y emoción, norma y libertad, universalismo y particularidad.

La Ilustración fue un movimiento intelectual del siglo XVIII que promovió la confianza en la razón como instrumento privilegiado para alcanzar el conocimiento, la libertad y el progreso de la humanidad. Pensadores como Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Kant o Diderot articularon un programa filosófico que impulsaba la emancipación del individuo frente a la tradición, la superstición y el dogma religioso. Su lema fundamental, según Kant (1784), era: "Sapere aude", es decir, “atrévete a saber”.

La Ilustración sentó las bases de los derechos humanos, el secularismo, el contractualismo político y la ciencia moderna. Su fe en el progreso y la perfectibilidad humana marcó el horizonte de las revoluciones atlánticas (norteamericana y francesa).

En paralelo, el Neoclasicismo, como movimiento artístico y literario, asumió los valores ilustrados desde una estética racionalista y normada. Inspirado en el arte grecolatino, buscaba la armonía, la simetría, la proporción y el equilibrio, proponiendo obras que imitaran modelos clásicos tanto en forma como en contenido. En la literatura, se privilegiaron géneros como la tragedia, la fábula y la sátira, con un tono didáctico y moralizante.

El Romanticismo, surgido en Alemania y el Reino Unido a fines del siglo XVIII y difundido por Europa en el siglo XIX, se presenta como una reacción contra el racionalismo ilustrado y la rigidez neoclásica. Frente al dominio de la razón, el Romanticismo exalta la emoción, la subjetividad, la imaginación, la naturaleza, lo sublime, lo misterioso y lo espiritual.

Los románticos desconfían de la capacidad de la razón para explicar la totalidad de la experiencia humana. En cambio, valoran lo irracional, lo intuitivo, lo onírico y lo pasional. El arte ya no es imitación, sino expresión del alma individual. Se afirma la originalidad frente a la imitación; lo dinámico frente a lo estático; la libertad creadora frente a la norma.

Autores como Goethe, Novalis, Byron, Victor Hugo o José de Espronceda encarnan estas nuevas formas de expresión. En su poesía y narrativa, la pasión, la melancolía, la rebeldía y el idealismo reemplazan la contención y la regularidad neoclásica. El arte ya no busca reflejar un orden externo, sino expresar un mundo interior. Se vuelve espejo del alma, símbolo del infinito, y escenario del drama existencial del sujeto moderno.

Diferencias y continuidades entre Romanticismo, Ilustración y Neoclasicismo

a) Sujeto y razón

La Ilustración confía en un sujeto racional, autónomo, universal. El Romanticismo explora un sujeto singular, contradictorio, pasional, en conflicto con el mundo. El Neoclasicismo representa al sujeto como modelo de virtud y razón, guiado por las normas.

b) Naturaleza

Para la Ilustración, la naturaleza es objeto de estudio, orden y leyes; debe ser dominada o comprendida. Para el Romanticismo, la naturaleza es fuerza viva, sublime, espiritual, fuente de consuelo y revelación. El Neoclasicismo representa una naturaleza idealizada, simétrica, ordenada.

c) Arte y función

El arte ilustrado y neoclásico tiene función pedagógica: busca moralizar, educar y reproducir valores universales. El arte romántico es vehículo de expresión personal, de exaltación del genio creador, y de revelación de lo inefable.

d) Historia y tiempo

La Ilustración propone un tiempo progresivo y lineal: la historia avanza hacia el progreso. El Romanticismo recurre a la nostalgia, la evocación del pasado medieval, lo mítico y lo arcaico. El Neoclasicismo también se vuelve hacia el pasado, pero hacia el clasicismo grecolatino.

e) Sociedad y política

La Ilustración aspira a una reforma racional de la sociedad basada en el contrato social. El Romanticismo, especialmente en su fase liberal y nacionalista, propone una recuperación de lo popular, de las tradiciones locales y de la libertad frente al absolutismo o el utilitarismo. El Neoclasicismo suele alinearse con un ideal de orden jerárquico y de equilibrio político.

Lejos de ser una mera reacción irracionalista, el Romanticismo representa una crítica profunda a los límites de la razón ilustrada y a las convenciones del arte neoclásico. Recupera dimensiones olvidadas por el pensamiento moderno —lo afectivo, lo simbólico, lo sublime, lo espiritual— y da voz a las angustias existenciales de la modernidad.

Al mismo tiempo, el Romanticismo no rompe completamente con la Ilustración: comparte con ella la aspiración emancipadora, aunque desde un enfoque más existencial y emocional. La exaltación del genio individual, la crítica a la tradición y la búsqueda de lo auténtico pueden considerarse prolongaciones subjetivistas del proyecto ilustrado.

En definitiva, la relación entre estos tres movimientos revela las complejidades del tránsito cultural de la modernidad europea: una oscilación constante entre razón y emoción, norma y libertad, universalidad y particularidad, que aún resuena en el arte y el pensamiento contemporáneos.