Semejanzas y diferencias entre el Inca Garcilaso y Guamán Poma
El proceso de la conquista del Perú fue más que un episodio de dominación militar; implicó una transformación radical de las estructuras políticas, religiosas, culturales y simbólicas de los pueblos andinos. Frente a esta realidad, emergieron voces disidentes que intentaron preservar, reinterpretar o impugnar los discursos oficiales impuestos por la colonización. Entre estas voces, las de el Inca Garcilaso de la Vega y Felipe Guamán Poma de Ayala sobresalen por su riqueza, singularidad y valor testimonial.
El Inca Garcilaso de la Vega (1539–1616), nacido como Gómez Suárez de Figueroa en el Cusco, fue hijo de un capitán español, Sebastián Garcilaso de la Vega, y de una noble inca, Isabel Chimpu Ocllo, descendiente directa de Huayna Cápac. Esta doble herencia marcó su obra y su identidad. Educado en el seno de la élite virreinal y posteriormente en España, Garcilaso se integró a la cultura humanista europea. Su obra más influyente, Comentarios Reales de los Incas (1609), escrita en lengua castellana con el rigor retórico del Renacimiento, es una reivindicación de la historia, la organización política y la religiosidad del Tahuantinsuyo.
Por su parte, Felipe Guamán Poma de Ayala (ca. 1535–1615), nacido también en el ámbito andino, provenía de una nobleza indígena cristianizada y sufrió directamente los efectos del régimen colonial. Fue un autodidacta que aprendió el castellano de manera irregular y utilizó una combinación de quechua, español y cientos de ilustraciones para componer su obra monumental: El primer nueva corónica y buen gobierno (ca. 1615), dirigida al rey Felipe III de España. Esta obra, aunque no fue publicada en vida del autor, constituye una denuncia radical del sistema colonial y una propuesta de reforma basada en los principios andinos y cristianos.
En los Comentarios Reales, el Inca Garcilaso emprende un proyecto de legitimación de la civilización incaica, que se opone al discurso de la barbarie con el que los cronistas españoles justificaron la conquista. Desde una prosa elegante y erudita, Garcilaso describe un imperio dotado de leyes sabias, una religión monoteísta y un orden moral superior: “Los incas, señores naturales de estas provincias, eran sabios, prudentes, políticos, valerosos, continentísimos y religiosos [...]” (Garcilaso de la Vega, 1609/1991, p. 59).
Garcilaso propone un mestizaje conciliador: reconoce la autoridad del rey español, pero reclama el lugar digno de los incas en la historia universal. En este sentido, su obra no es simplemente un relato histórico, sino un intento de restitución simbólica. Como ha señalado Rolena Adorno (1992), el Inca Garcilaso construye “una historia alternativa” que combina el modelo clásico con la memoria oral andina, reconciliando así dos tradiciones aparentemente opuestas.
Guamán Poma de Ayala, en cambio, parte desde una posición de exclusión política y lingüística, lo cual se traduce en su estilo narrativo: una mezcla de registros, una sintaxis quebrada y una enorme presencia del dibujo como forma de escritura. Su obra, dirigida al rey de España, es un extenso testimonio de las injusticias cometidas por los corregidores, encomenderos, curas y autoridades coloniales: “¡Oh majestad, mira la gran destrucción y perdición de tu reino y señorío! Porque no hay justicia ni temor de Dios entre los españoles” (Guamán Poma, ca. 1615/1980, p. 255).
La Nueva corónica es también una enciclopedia del mundo andino: presenta genealogías, oficios, costumbres, fiestas, y sobre todo, una historia alternativa de la conquista, donde los incas aparecen como reyes legítimos y los españoles como usurpadores. Sus ilustraciones, más de 400, son una herramienta poderosa para visualizar la crítica y para comunicar a un público diverso, incluyendo analfabetos o lectores indígenas. Guamán Poma no busca integrar o reconciliar culturas: exige un cambio radical del sistema colonial, denunciando tanto a los españoles como a los indígenas colaboracionistas. Como afirma Adorno (2000), su texto es un ejemplo de “una epistemología subalterna”, que subvierte las formas de autoridad del saber occidental.
Ambos autores comparten la voluntad de preservar la memoria indígena frente al olvido y la tergiversación colonial. Los dos apelan al pasado incaico como fuente de legitimidad y utilizan la escritura como forma de resistencia. Sin embargo, sus estrategias y visiones del mundo son profundamente distintas. El Inca Garcilaso adopta un estilo clásico, escribe para un lector culto europeo y busca legitimar el pasado andino a través de las formas del humanismo renacentista. Para él, la conquista es una tragedia necesaria, y su solución es la reconciliación. Guamán Poma, en cambio, escribe en un estilo híbrido y fragmentado, dirigido al rey pero con un tono proféticamente subversivo. Para él, la conquista es un error moral y político, y su solución es el retorno a un sistema de justicia basado en los principios andinos y cristianos genuinos. La diferencia más radical está en la visión del mestizaje: mientras Garcilaso lo celebra como una síntesis armónica, Guamán Poma lo vive como una forma de opresión estructural, en la que los indígenas son excluidos del poder y la palabra.
Ambos autores son hoy reconocidos como precursores del pensamiento decolonial andino. En el caso del Inca Garcilaso, su obra ha sido incorporada al canon literario hispanoamericano como ejemplo de “la voz del mestizaje”, pero también como testimonio de una memoria que desafía el eurocentrismo. Guamán Poma, redescubierto en el siglo XX, es hoy considerado uno de los primeros intelectuales indígenas que articuló una crítica sistémica al colonialismo y una alternativa ética desde la cultura andina. Sus obras constituyen archivos vivos de resistencia, que permiten pensar la historia desde la pluralidad de voces, desde la colonialidad del poder (Quijano, 2000) y desde la insurgencia epistemológica de los pueblos originarios.
La conquista del Perú no sólo fue una ocupación militar, sino también una conquista de la palabra, del relato y de la memoria. Frente a ello, las voces de el Inca Garcilaso de la Vega y Felipe Guamán Poma de Ayala representan dos formas de escribir desde los márgenes: una desde el mestizaje que busca reconciliación y legitimidad, la otra desde la indigeneidad que exige justicia y restitución. En sus diferencias, ambos se enfrentan a la narrativa oficial, y nos ofrecen hoy herramientas para repensar la historia, la cultura y la identidad desde una perspectiva crítica y plural.