Temporalidad, repetición y aparición del yo: ontología del tiempo y subjetividad simbólica en “Las horas son iguales” (1930) de Josefina de la Torre
El poema “Las horas son iguales” de Josefina de la Torre constituye una meditación lírica sobre el tiempo como experiencia existencial antes que como magnitud cronológica. Su aparente sencillez verbal encierra una compleja arquitectura filosófica en la que la repetición, la percepción y la interioridad se articulan para producir una reflexión sobre la subjetividad moderna. En este texto, el tiempo no es un marco externo donde se inscribe la vida, sino una realidad que se genera en la conciencia que lo percibe. La poeta transforma así la temporalidad en fenómeno simbólico, revelando que las horas no son entidades objetivas, sino construcciones psíquicas y discursivas. Desde la convergencia teórica de Jung, Butler, Nancy, Barthes y Mignolo, el poema puede entenderse como una ontología poética del tiempo interior.
El verso que da título al poema —“Las horas son iguales”— introduce de inmediato una paradoja. En el plano físico, las horas son idénticas por definición; en el plano vivido, nunca lo son. La afirmación, por tanto, no describe la realidad empírica, sino que revela un estado de conciencia. Roland Barthes (1973) sostiene que el lenguaje literario no refleja el mundo, sino que lo produce como efecto semiótico. En este sentido, la igualdad de las horas no es un dato, sino una construcción textual que transforma el tiempo en experiencia perceptiva. El poema no informa sobre el tiempo: lo crea como sensación.
Esta sensación se vincula con el arquetipo junguiano del tiempo circular. Para Jung (2008), la repetición es uno de los modos en que el inconsciente expresa contenidos profundos que la conciencia no logra elaborar. Cuando la experiencia se vuelve repetitiva, la psique está señalando una detención simbólica. La igualdad de las horas puede leerse entonces como imagen de un estado interior suspendido. No se trata simplemente de monotonía cotidiana, sino de una detención ontológica: el yo se encuentra en un umbral donde el devenir parece inmovilizarse. El tiempo deja de avanzar y se vuelve superficie inmóvil.
Este fenómeno adquiere mayor profundidad si se examina desde Jean-Luc Nancy, para quien el ser no es sustancia fija, sino exposición a la temporalidad compartida (Nancy, 2017). En el poema, la experiencia de igualdad temporal revela una conciencia intensamente sensible a su propia existencia. Percibir que las horas son iguales implica advertir la estructura misma del tiempo. La voz lírica no está distraída en el flujo de la vida; está situada en el punto exacto donde el tiempo se vuelve visible como fenómeno. La monotonía se convierte así en revelación ontológica: el sujeto advierte el mecanismo del tiempo porque lo siente repetirse.
Esta repetición posee también una dimensión performativa. Judith Butler ha mostrado que la identidad no es esencia estable, sino efecto de actos reiterados (1990, 2004). El poema sugiere una intuición análoga aplicada a la temporalidad: el tiempo no existe como entidad previa, sino como efecto de su reiteración perceptiva. Las horas son iguales porque el sujeto las vive como repetición. La temporalidad se revela entonces como construcción experiencial. Del mismo modo que el género se produce mediante actos reiterados, el tiempo se produce mediante percepciones reiteradas. El poema establece una analogía implícita entre identidad y duración: ambos son procesos, no sustancias.
Desde esta perspectiva, la monotonía temporal no es mera tristeza ni aburrimiento; es conciencia intensificada. Solo quien observa atentamente puede percibir la igualdad de las horas. El sujeto lírico se sitúa en una posición liminar entre vivir y contemplar su propia vivencia. Esta duplicidad introduce un rasgo reflexivo característico de la modernidad poética: la conciencia se vuelve objeto de sí misma. El tiempo no es solo vivido; es observado mientras se vive. El poema registra esa duplicación.
La dimensión simbólica de esta experiencia puede profundizarse mediante la lectura de Walter Mignolo. Si toda experiencia está mediada por estructuras culturales que organizan la percepción (Mignolo, 2007, 2010), entonces la vivencia del tiempo también lo está. El poema puede interpretarse como una interrupción de esas estructuras. Al declarar que las horas son iguales, la voz lírica suspende la lógica productivista que concibe el tiempo como progreso lineal. La igualdad temporal desactiva la ideología del avance continuo. El poema introduce una temporalidad alternativa: un tiempo interior que no obedece a calendarios ni relojes sociales. Esta suspensión constituye un gesto sutil de desobediencia epistémica, pues cuestiona el modelo dominante de temporalidad moderna.
La economía expresiva del poema refuerza esta operación. La brevedad verbal y la claridad sintáctica producen un efecto de quietud lingüística que reproduce formalmente la igualdad temporal que enuncia. Barthes señalaría que el estilo no es adorno, sino función estructural del sentido. En “Las horas son iguales”, la simplicidad estilística no simplifica el pensamiento; lo intensifica. El lenguaje se vuelve transparente para que el fenómeno temporal aparezca con mayor nitidez. La forma se convierte en espejo del contenido.
El núcleo del poema reside, en última instancia, en la relación entre tiempo y subjetividad. “La igualdad de las horas” no describe el mundo exterior; describe el estado del yo. El tiempo funciona como proyección simbólica de la interioridad. Desde Jung, esta proyección indica que el mundo percibido es reflejo de la psique que lo observa. La repetición temporal revela un estado interior de suspensión, espera o contemplación profunda. El tiempo exterior se vuelve imagen del tiempo psíquico.
Sin embargo, esta suspensión no debe interpretarse como vacío existencial. Más bien constituye un umbral de percepción. Cuando el tiempo parece detenerse, la conciencia alcanza un grado máximo de presencia. La igualdad de las horas es el signo de esa presencia radical. El sujeto se encuentra tan atento a la experiencia que el fluir temporal se vuelve homogéneo. La diferencia entre pasado, presente y futuro se diluye en una duración continua. El poema capta ese instante de intensidad perceptiva donde la existencia se vuelve plenamente consciente de sí misma.
La poética de Josefina de la Torre revela así una intuición filosófica de gran alcance: el tiempo no es algo que pasa, sino algo que aparece. Aparece cuando es percibido. Y esa aparición depende del estado de la conciencia. El poema no describe el tiempo; describe la aparición del tiempo en la conciencia. La lírica se convierte en fenomenología.
Esta concepción sitúa a Josefina de la Torre dentro de una tradición de escritura que entiende la poesía como forma de conocimiento. Su texto demuestra que la experiencia más cotidiana —el paso de las horas— puede convertirse en revelación ontológica cuando es atravesada por la mirada poética. La igualdad temporal no es monotonía banal, sino epifanía perceptiva. El poema enseña a ver el tiempo.
En conclusión, “Las horas son iguales” constituye una meditación simbólica sobre la relación entre temporalidad e identidad. Desde Jung, revela la repetición como signo psíquico; desde Butler, muestra la reiteración como principio constitutivo; desde Nancy, expone la existencia como experiencia temporal compartida; desde Barthes, manifiesta la productividad del lenguaje poético; y desde Mignolo, insinúa una crítica a los regímenes normativos del tiempo moderno. La convergencia de estas perspectivas permite reconocer que el poema de Josefina de la Torre no es una simple observación lírica, sino una reflexión ontológica sobre la condición humana. En su aparente quietud verbal, el texto abre un espacio donde el tiempo deja de ser medida y se vuelve revelación.
Referencias
Barthes, R. (1973). Le plaisir du texte. Seuil.
Butler, J. (1990). Gender trouble: Feminism and the subversion of identity. Routledge.
Butler, J. (2004). Undoing gender. Routledge.
Jung, C. G. (1964). El hombre y sus símbolos. Paidós.
Jung, C. G. (2008). Arquetipos e inconsciente colectivo. Paidós.
Mignolo, W. (2007). La idea de América Latina. Gedisa.
Mignolo, W. (2010). Desobediencia epistémica. Ediciones del Signo.
Nancy, J.-L. (2017). Ser singular plural. Arena.k